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La ley de la atracción: mitología y realidad

diciembre 26, 2013, 14:16:57 Deja un comentario Go to comments

Tengo un secreto bochornoso que compartir esta ocasión: en el último par de semanas he estado viendo toda clase de vídeos sobre la Ley de la Atracción, he escuchado diversos audiolibros e -incluso-, he leído sobre el tema también.

A decir verdad, no creo que haberlo hecho sea bochornoso, aunque quizá haya personas a quienes les parezca bochornosa la idea de confesar algo como esto.

Algunos años atrás, hubo un conductor de televisión muy famoso que se burló abiertamente de este tipo de temática en uno de sus programas y no faltará quien tenga esa misma postura.

No obstante, si es tan cuestionable la existencia de temáticas para el desarrollo personal, ¿por qué todos los días se venden millones de libros con este preciso enfoque? ¿cómo es que autores como Deepak Chopra se han hecho mundialmente conocidos gracias a un trabajo que para muchos es inconfesable? ¿cuál es la razón por la que la mayoría de los gerentes de recursos humanos de las empresas hablen del desarrollo personal en los cursos de capacitación que ofrecen a la plantilla de personal?

No. No considero bochornoso estar interesado en el tema, ni creo que sea algo de qué avergonzarse el admitir públicamente que es así, ya que ser partidario de esta temática no me quita objetividad y este es precisamente el propósito de este artículo.

Verá, si he de enunciar de manera concreta la diferencia entre lo que tengo que decir sobre este tema y lo que diría cualquier gurú de El Secreto y la Ley de la Atracción, la divergencia más importante que señalaría sería la objetividad.

Conforme desarrolle el tema, el lector podrá comprobar por sí mismo que, mientras que yo intento darle una explicación razonable, que el lector pueda comprender ya que se explica como resultado de una serie de eventos producidos naturalmente y que, por tanto, es capaz de reproducir por sí mismo, uno de esos gurús del desarrollo personal le daría un enfoque filosófico, casi místico y dejaría al lector en el mismo tipo de oscuridad intelectual en que se encontraba antes de comenzar a leer.

Para el desarrollo de este artículo, enumeraré una serie de preguntas comunes y daré respuesta a las misma explicando si se trata de un mito o de una realidad.

Sin mayor preámbulo, comencemos:

1. ¿Es verdad que una élite de personas han estado al tanto de la Ley de la Atracción, la han usado a su favor y están interesadas en que El Secreto no se divulgue?

Verdad y Mito a la vez. Es verdad que históricamente han existido personas -digamos selectas-, que han conocido el secreto. No por su afiliación a una especie de logia que conspira contra el resto de la humanidad, sino porque el secreto ha formado parte de sus talentos naturales desde siempre.

Hoy en día, hay millones de personas que simplemente tienen el don, aunque tal vez no sepan específicamente que están haciendo uso del secreto o -quizá-, ni siquiera sepan que tal cosa exista. Incluso, muchos de ellos -que si se han enterado sobre la Ley de la Atracción-, quizá piensen que se trata de alguna especie de broma y sonrían escépticos cuando escuchan a alguien mencionar el tema.

Me atrevo a ir más allá y asegurarle que todos lo usamos diariamente -a cada instante-, a pesar de que los resultados obtenidos no son el tipo de resultados que se supone que el uso del secreto debería arrojarnos.

2. Pero… ¿existe o no una conspiración elaborada?

Mito. Quizá así sea, pero me temo que los únicos conspiradores son -en todo caso-, los editores y autores que no hacen otra cosa que recurrir a la mercadotecnia para vender un curso sobre El Secreto y la Ley de la Atracción.

Yo quisiera preguntar al lector: ¿se puede llamar secreto a algo que forma parte del sentido común?

Seamos honestos. A lo largo de toda nuestra vida, hemos escuchado toda clase de frases motivadoras, hemos presenciado eventos en los que el coraje humano vence todas las adversidades, hemos asistido al estreno de películas que destacan la consecución del éxito y el alcance de la gloria. Nosotros mismos hemos tenido nuestros pequeños o grandes logros.

Todos sabemos que con el empeño suficiente podemos conseguir lo que sea. El único problema es que no hemos sido educados para convertirnos en personas exitosas y -muchos-, ni siquiera hemos nacido con ese talento naturalmente.

Las personas más brillantes de la historia humana lo han sabido, no por ser miembros de una secta mística y oscura, sino porque nacieron con el talento y lo aplicaron. Es como el tipo feo y odioso que a pesar de sus evidentes limitaciones tiene mucho éxito conquistando mujeres. No se trata del aspecto, ni del tamaño de la cuenta bancaria. Se trata del encanto personal.

3. ¿Es verdad que uno pide sus deseos al universo y este simplemente le responde otorgándoselos?

Verdad. Absolutamente. Pero no se trata de un fenómeno sobrenatural, como los gurús del éxito proponen. Es algo mucho más banal y puede explicarse razonablemente.

Piense usted en el deseo más apreciado que tenga. ¿En verdad considera que su deseo es secreto?

Existe algo que se llama programación neurolingüística que -entre otras cosas-, habla sobre el lenguaje no verbal. En realidad, es posible saber cuando alguien oculta algo o está mintiendo, porque su propio cuerpo le delata. Se desencadenan una serie de reacciones naturales -que son inevitables, pues se trata de una respuesta fisiológica ante los estímulos del mundo que nos rodea-, que nos ponen automáticamente en evidencia.

Así que, puede que usted no haya hablado con nadie sobre ese asunto que tanto le interesa, pero sus reacciones físicas le delatan así que no, no se entusiasme demasiado con la idea de que nadie conoce sus deseos más íntimos.

¿Por qué inicié con esta explicación para responder a la pregunta? Porque todo lo que ocurre en nuestra pequeña historia personal, es una serie de eventos relacionados con quiénes somos, lo que amamos, lo que deseamos. Se llama personalidad y es algo que nos define como individuos. La persona amada, el trabajo de nuestros sueños, esa hermosa casa o el poderoso automóvil, todos ellos son el producto de quiénes somos.

Nos proyectamos hacia el resto de la realidad. A eso se refiere el punto de enviar nuestros deseos al universo. Aunque no sea esa nuestra intención, nuestra personalidad nos delata ante el universo -o nuestro entorno-.

Cada simple circunstancia que se presenta en nuestra vida es sólo un reflejo de nuestra propia personalidad.

4. ¿Da el universo respuesta a nuestros deseos?

Verdad. Cada simple instante. A cada momento. Como ya he mencionado, todas las circunstancias que nos rodean son mero producto de nuestra propia personalidad. Todo cuanto ocurre en torno nuestro, no es más que el resultado de quiénes somos.

Por eso, los gurús de la Ley de la Atracción insisten en que todo aquello que pensamos, se cristaliza en nuestra realidad, sin importar si pensamos cosas buenas o cosas malas y afirman que el universo no distingue entre ambas, simplemente nos responde enviándonos aquello en lo que pensamos.

Piénselo con detenimiento. Si somos apáticos, lo que tenemos a nuestro alrededor es desidia, si somo tacaños, lo que nos rodea es miseria, si somos optimistas, tenemos éxito.

El éxito no se mide por el tamaño de nuestra cuenta bancaria. No se preocupe, no puede lesionarse por caerse de su cartera.

El éxito es la medida en que conseguimos todo aquello que nos proponemos. El bienestar financiero es sólo uno de los resultados y el hecho de que seamos exitosos, no necesariamente implica que nos vaya bien financieramente.

Podemos ser exitosos consiguiendo que las cosas ocurran y un desastre en cuanto a la administración de nuestras finanzas.

5. Está bien, está bien. ¿Se supone que sólo tengo que pedir y esperar a que el universo me lo traiga?

Verdad y Mito. El mito consiste en suponer que las cosas ocurren milagrosamente. No siempre es así.

La verdad es que sí, uno expresa su deseo, sí, uno debe esperar a que se cumpla y sí, uno debe evitar obsesionarse con el resultado, pero en el transcurso desde el momento en que expresamos nuestro deseo hasta su cumplimiento, uno realiza toda una serie de tareas preparativas, que no tienen otro propósito que el de allanar el camino.

Hace varios años yo deseaba viajar a los Estados Unidos. No era un secreto para nadie. Soñaba con ir a los Estados Unidos, me visualizaba a mi mismo en los Estados Unidos, me sentía feliz y agradecido… y mi deseo se cumplió con el paso del tiempo. Le tomó un par de años volverse realidad.

Lo que ocurrió es que siempre fui transparente con respecto a mi deseo. Todo aquel que me conocía, sabía que esa era una de mis metas. Para mi era evidente que algún día ocurriría, porque me encontraba en las circunstancias apropiadas; sólo era cuestión de tiempo.

A veces, me decepcioné  al ver que mi deseo no se cumplía, mientras veía a otros haciéndolo realidad, pero evitaba obsesionarme con la idea y, por sobretodo, evitaba sentirme abatido por la frustración. Por un lado, algo dentro de mi me hacía sentirme seguro de que un día cumpliría mi deseo y, por otra parte, evitaba obsesionarme.

Cuando permitimos que el resultado obtenido alimente nuestra frustración, convertimos a este resultado en un parámetro que mide nuestro propio éxito y este parámetro se convierte en un cruel verdugo, que nos acosa sin piedad, impidiéndonos disfrutar de las muchas cosas buenas que tenemos a nuestro alcance.

El fracaso no es más que la evidencia de que dejamos de intentar. Nos moldea como personas y delata nuestra tendencia a abandonar.

Edisson necesitó probar más de 3 mil filamentos para encontrar aquel que daba el mejor rendimiento. Cuando le preguntaron porqué persistía a pesar de su evidente fracaso, él respondió que él no había fracasado, que ahora conocía 3 mil maneras diferentes de cómo no hacer las cosas. Al final, logró su objetivo porque dentro de su mente, la palabra imposible carecía de significado.

Puede que no nos enteremos, pero en el desarrollo de los eventos posteriores al instante en que formulamos nuestro deseo y el punto culminante en que lo convertimos en realidad, hacemos muchas otras cosas; la mayoría de estas, sin conexión aparente con lo que deseamos.

Más aún, muchas veces ni siquiera nos percatamos de que lo que estamos haciendo es sólo preparar el terreno para lo que vendrá cuando disfrutemos de nuestro deseo hecho realidad. Steve Jobs diría que la vida se trata de conectar puntos, que es imposible conocer el resultado final de lo que hacemos en este momento, pero que siempre podremos  entender porqué teníamos que hacerlo, cuando en el futuro intentemos explicarnos cómo fue que llegamos hasta este punto.

Desde el momento en que hablé por primera vez de mi deseo de ir a los Estados Unidos, hasta la primera de muchas veces que tuve que ir para allá, aprendí inglés en una semana, realicé el servicio militar, obtuve mi pasaporte y se me otorgó la visa. Conocí a varias personas de los Estados Unidos y aprendí de ellos sobre su cultura y su manera de trabajar. Mejoré mis habilidades y adquirí otras nuevas. Es decir, me preparé para el momento en que cumpliera mi deseo.

Es un mito que el universo cumple nuestros deseos milagrosamente. La realidad es que tienes que trabajar arduo en muchas otras actividades que te conducen a tu deseo cumplido. Muchas de esas actividades parecerán no tener nada que ver con lo que deseas, pero son fundamentales para ver tu deseo hecho realidad.

Nada se obtiene así nada más. Todo es producto de nuestras propias circunstancias.

6. Pero la literatura de la Ley de la Atracción dice que el universo nos responde dándonos aquello en lo que pensamos…

Eso no es más que un mito. Entiéndalo bien de una vez, Usted jamás obtendrá nada gratis. Todo lo que obtiene en su vida es un resultado de quién usted es. Aquellas cosas que a su parecer llegan a su vida sin que usted explícitamente las pida, llegan porque usted implícitamente las ha pedido.

Mi padre siempre fue alguien sano. Con los problemas de salud derivados de su edad y una incipiente senilidad que le hacía recordar sucesos ocurridos décadas atrás, pero que le hacía incapaz de recordar lo que había desayunado por la mañana.

Nosotros sabíamos que algún día moriría, pero suponíamos que moriría de viejo, no por una enfermedad cruel como el cáncer.

Ninguno deseábamos su muerte, pero sabíamos que ocurriría… y así fue. Un día enfermó y murió. Su muerte fue el resultado de una serie de problemas imperceptibles que acumuló a lo largo de su sana vida. Él era un octogenario y no resultó extraordinario que muriera.

Lo que pretendo explicar es que: Nada ocurre por azarTodo resultado, es producto de alguna causa.

El universo no coloca circunstancias ante nosotros como parte de un truco de magia.

Todos los eventos que ocurren durante nuestra existencia son producto de la personalidad del individuo que somos y de nuestra propia interacción con el mundo que nos rodea. Si recibimos un aviso de desalojo o una notificación de embargo, esto ha ocurrido porque nos endeudamos y dejamos de pagar. Si estamos continuamente preocupados de que nos llegue ese tipo de documentos, simplemente se debe a que nos preocupamos más por recibirlos que por encontrar una manera de evitar que nos lleguen. Es decir, cada vez que nos ocurren cosas malas, estas son el producto de nuestras propias decisiones.

De la misma manera, aquellas cosas buenas que nos suceden, son el producto de nuestras decisiones.

Cuando tenemos un sueño y lo convertimos conscientemente en una meta, establecemos una serie de objetivos que sabemos que debemos cumplir para acercarnos a nuestra meta -como en mi propio caso que le relaté: aprender inglés, obtener el pasaporte, conseguir la visa-. Nos ponemos en acción tratando de cumplir los objetivos que nos hemos planteado. Sabemos que cada paso que demos nos acerca cada vez más a la meta que nos hemos impuesto.

En lugar de permitir a la pesadumbre desanimarnos cada vez que no conseguimos concretar un objetivo, actuamos positivamente planteándonos alternativas para lograrlo y persistimos hasta conseguirlo.

7. Pero… a veces si ocurren cosas al azar.

Si, es verdad. Pero definamos sin  ambigüedades a qué nos referimos como azar.

Si hablamos sobre un accidente que nos ha ocurrido a nosotros mismos o a alguien cercano a nosotros, este accidente pudo haber sido nuestra culpa o culpa de alguien más.

Una vez, el avión en el que viajaba, comenzó a tambalearse. Llegué a pensar que ese había sido mi último vuelo e -increíblemente-, me resigné a mi suerte y me preparé para el inevitable desenlace.

Recuerdo que sonreí con ironía cuando el piloto del avión dijo que regresaría al aeropuerto después de que llevábamos 20 minutos de vuelo. No creí que llegaríamos, pero me sentía tranquilo. Pasara lo que pasara, sabía que estaría bien.

Llegamos al aeropuerto y de inmediato revisaron el avión. Todo el problema era una puerta mal cerrada.

No fue culpa mía, ni fue culpa del piloto. El vendedor que me dio el boleto tampoco era culpable. La culpa fue de quien cerró mal esa puerta. Lo que si puede atribuirse a mi, es que yo tomé la decisión de viajar, yo decidí comprar ese boleto y yo acepté subirme a ese avión en lo particular. No hay nada sobrenatural en esta serie de eventos.

Poniendo otro ejemplo, cuando alguien se saca la lotería, esta persona no influyó en el resultado, la persona que echó a andar la máquina que seleccionó al ganador no tuvo manera de influir en la selección del número ganador. El número fue seleccionado por la acción mecánica de una máquina a la que no le importa quien termine ganando.

Se llama teoría del caos y está presente en cada aspecto de nuestra vida. Más específicamente, es entropía pura.

Si usted deja caer un vaso de cristal y este termina estrellándose contra el piso, existe un número infinito de maneras en las que los pedazos del cristal pueden distribuise sobre el piso. Durante el trayecto del vaso hacia el piso, hasta el momento en que se estrella y sus restos terminan distribuidos por todo el piso en alguna configuración, era imposible detallar con certeza la distribución de los restos del vaso sobre el piso porque había un número infinito  de distribuciones posibles. Sólo tuvimos certeza de la configuración de la distribución hasta que el vaso se hubo estrellado y sus restos terminaron finalmente por distribuirse sobre el piso. Lo único que fuimos capaces de predecir sobre la historia del vaso fue su inevitable final. Teníamos la certeza de que se rompería, esperamos el instante final y nos resignamos con el resultado.

He decidido mencionar este tema porque deseo hablar sobre las oportunidades; que no son sino circunstancias aleatorias que se presentan durante nuestra vida, sin que nosotros las hayamos pedido explícitamente y que muchas veces parecen no tener conexión alguna con lo que deseamos que ocurra.

Se presentan por si solas, muchas veces las ignoramos porque nos parecen insignificantes; otras veces ni siquiera nos percatamos de su presencia y -en la mayoría de las ocasiones-, las dejamos ir porque “no estamos preparados“.

Las oportunidades se presentan intempestivamente porque nos hemos colocado a nosotros mismos en un curso de colisión con ellas. ¿Recuerda que hablé antes sobre producir una serie de circunstancias en torno a nuestro propio deseo? Es precisamente de eso de lo que hablo ahora.

Cuando deseamos algo, nos sintonizamos con ese deseo. Sin proponérnoslo, generamos una serie de circunstancias compatibles con ese deseo y de estas circunstancias surgen las oportunidades.

A veces no las percibimos porque no somos capaces de intuir en qué medida contribuyen a la realización de lo que deseamos. Es como cuando busco las llaves del auto por todas partes, sin percatarme de que las estoy sosteniendo como mi propia mano. Sé que tengo algo en la mano, pero saber que es lo que mi mano sostiene carece de importancia con respecto a encontrar las llaves.

Nunca subestime la importancia de las oportunidades.

Algunas veces nos concentramos tanto en lo que queremos que somos incapaces de notar todas aquellas cosas que están ocurriendo en torno nuestro.

El día que quise entrar a la Universidad, yo sólo conocía una Universidad que se encuentra en una ciudad vecina. No sabía de una universidad en mi propia ciudad, así que fui a la ciudad vecina para realizar todo el trámite de ingreso a la universidad. Pasé el examen de admisión y asistí a las entrevistas para evaluar mi solicitud. Prácticamente ya estaba inscrito, cuando alguien me hizo ver que acababan de abrir una universidad a unas cuadras del lugar en el que trabajaba. Casi dejo pasar esa oportunidad por no saber que existía esa universidad, lo cual no es tanto producto de una preparación deficiente, ya que esa universidad era nueva y yo no tenía noticia de que la fueran a abrir en mi localidad.

Por último, la falta de preparación como pretexto para el fracaso es inexcusable.

Es cierto que en ocasiones las oportunidades nos pillan desprevenidos, pero normalmente hay un trecho entre el dicho y el hecho. Es decir, pasa algún tiempo desde el momento en que surge la oportunidad y la concreción de la misma. Lo importante en estos casos es decidir rápido y -en función de nuestra elección-, actuar de inmediato.

Pongamos por ejemplo que de repente alguien le deja saber que hay un empleo con exactamente las mismas condiciones que usted esperaba, sólo que piden a alguien que posea algún conocimiento o habilidad que usted no posee.

La falta de preparación no es excusa, pues puede postularse y hacer todo cuanto esté a su alcance para obtener ese conocimiento o habilidad que le hace falta. A decir verdad, es importante para el empleador contratar a alguien con los conocimientos o habilidades requeridos, pero es mejor aún contratar a alguien que pueda resolver problemas.

Como siempre, espero que este artículo sea de utllidad para mis lectores. Quise abordar el tópico de El Secreto y de la Ley de la Atracción porque -aunque en primera instancia parezcan temas intrascendentes e imprácticos para el desarrollo de emprendimientos-, sólo son intrascendentes para aquellos que dicen tener los pies bien puestos en la tierra y no se permiten soñar, sin darse cuenta que todas las grandes cosas que existen en nuestro mundo, fueron producto de soñadores que se atrevieron a tener una visión y a tener la ambición de hacerlas realidad.

Manuel Manrique

P. D. Mis próximos artículos se enfocarán en esta temática. Si te interesa esta clase de artículos, mantente al pendiente y atento.

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