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Jugando con sus propias reglas


El día 2 de Julio, por la mañana, me encontré con unos amigos empresarios, quienes plantearon una preocupación con la que muchos otros nos despertamos: ¿Cómo afectará este resultado a nuestros emprendimientos?

Para esa hora, el resultado era ya prácticamente oficial. Al menos estadísticamente, la tendencia era irreversible. Que la aceptemos o no, que la reconozcamos o no, eso ya es harina de otro costal.

Abiertamente confieso que para mí, el resultado solo puede verse a través de un cristal translúcido, pero sigo considerando que aún en las condiciones más ríspidas hay oportunidades.

Centraré mi exposición en el tema de la economía, ahora que ya tenemos claro el curso de acción que se ha de seguir a consecuencia de los resultados obtenidos, a pesar de que éstos -a muchos-, nos parecen cuestionables.

Básicamente, las propuestas del candidato “ganador” se fundamentan en un crecimiento económico respaldado por la inversión en infraestructura.

De acuerdo a lo que he publicado en ocasiones anteriores, para que se motive la inversión en infraestructura es necesario que el Banco de México participe con una política expansiva, manteniendo bajas las tasas de interés.

Por su parte, el gobierno debe controlar la tasa de inflación a través de los impuestos al mismo tiempo que aumenta su gasto público orientado a la inversión productiva.

Ahora bien, el riesgo subyacente en esta estrategia consiste en que una reducción de las tasas de interés que se prolongue indefinidamente, tarde o temprano tiene el potencial de alentar la formación de burbujas económicas y -con ellas-, un colapso financiero como el que sufrieron los Estados Unidos en el 2008.

Lo anterior nos plantea una serie de oportunidades y riesgos que debemos considerar al planificar nuestros emprendimientos.

Las oportunidades son -principalmente-, para aquellos emprendimientos enfocados en la eficiencia de los procesos y en una apertura que se prevé en la convocatoria a licitaciones del gobierno, convocatoria que es necesaria para motivar la inversión en infraestructura que se propone.

El escenario que es posible visualizar es una mayor permisividad por parte del gobierno con respecto a la inversión privada extranjera. Esto significa que se motivará la instalación de empresas corporativas a escala global, mismas que requerirán servicios de empresas locales para automatizar procesos, implementar programas para promover la eficiencia, consultoría para detectar y aprovechar áreas de oportunidad, así como una amplia gama de servicios cuyo propósito sea incrementar la eficiencia de sus operaciones.

Esto se sustenta en la intención de consolidar acuerdos internacionales, como el TLC, con el fin de producir crecimiento económico y en la intención explícita del nuevo gobierno de permitir la inversión privada en el sector energético.

Por otra parte, para sustentar otras propuestas de carácter público y para impulsar el crecimiento a través de la inversión en infraestructura, el gobierno debe convocar a la participación en licitaciones a las empresas.

Lo que se consigue con todo esto en términos de variables macroeconómicas es una reducción de los tipos de interés, una aumento del gasto público y un tipo de cambio que se mantenga bajo para facilitar las exportaciones, pero de ningún modo es la historia completa.

Un instrumento que el gobierno planea utilizar es el otorgamiento de créditos productivos. Como ya he establecido párrafos más arriba, para que estos préstamos sean otorgados se hace necesaria la participación de Banxico, manteniendo bajas las tasas de interés o desplazando recursos al gobierno a través de deuda pública.

El cómo se haga dependerá de las estrategias concretas del nuevo gobierno. El gobierno podría acordar con Banxico que sea él quien controle la oferta monetaria a través de tasas de interés que motiven la inversión, mediante una Banca de Desarrollo, o bien, asumir el mismo gobierno el papel de dicha Banca de Desarrollo adquiriendo deuda pública para tener el control de los mecanismos que regulen el destino que se de a los créditos, o bien, Banxico y gobierno trabajando en sinergia.

El meollo del asunto es que los créditos productivos de los que se habla deben ser utilizados para invertir en infraestructura.

Una de las estrategias que asume el Banco Central es reducir su tasa de descuento, que es la tasa de interés que aplica a los bancos comerciales para otorgarles liquidez. El efecto de esta estrategia es meramente psicológico. Teóricamente, los bancos comerciales deberían responder reduciendo -a su vez-, sus propias tasas de interés, aunque no necesariamente será esa su respuesta. Lo que es más probable es que manejen tasas de interés diferenciadas. Esto es, que se manejen tasas preferenciales para sus mejores clientes, y tasas convencionales para el común de sus clientes. Lo que esto implica es que los créditos productivos propuestos por el nuevo gobierno no estarán disponibles para todo el mundo.

Más aún, históricamente se ha visto que una reducción de la tasa de descuento, a pesar que se realiza con el objeto de impulsar la inversión en infraestructura, no siempre cumple esa función puntual. En casos anteriores en que se ha empleado esta medida, las empresas que adquieren dichos compromisos los destinan a liquidar otros compromisos que han adquirido con sus proveedores y acreedores, más que para invertir en infraestructura.

Esto hace obligatorio que se regule el otorgamiento de dichos créditos, lo que pone un filtro más que restringe a los beneficiaros de ellos. Esto implica que quien desee adquirir uno de estos créditos, deberá comprobar el uso que se les de, para garantizar que son destinados a la inversión en infraestructura.

Por ello hablo de tres posibles cursos de acción: (1) que Banxico facilite la labor de la Banca de Desarrollo manteniendo bajas las tasas de interés, (2) que el gobierno adquiera deuda pública para financiar él mismo la Banca de Desarrollo, o (3) que el gobierno trabaje en sinergia con Banxico para administrar el empleo de dichos recursos y la regulación que se vuelve imprescindible.

Ahora bien, si usted está considerando aprovechar estos créditos productivos para impulsar sus emprendimientos, debe considerar una planificación exhaustiva de estos a través de un plan de negocios efectivo que justifique plenamente sus proyectos. En mi artículo “Cómo se inicia un negocio“, le ofrezco los fundamentos de un plan de negocios. En futuros artículos retomaré el tema y lo ampliaré.

Un plan de negocios es una radiografía de su emprendimiento. Muestra la estructura de su negocio, proporciona estimaciones -deseablemente objetivas- de sus resultados, indica qué pretende lograr y cómo piensa lograrlo. Su fundamento son las expectativas que usted declara. Es decir, se basa en hechos que aún no han acontecido pero que, a través de su estrategia, considera que puede lograr.

Este último aspecto es el que introduce el riesgo de la formación de burbujas económicas. En mi artículo “Facebook: ¿Una burbuja que se desinfla?“, le explico como se forman las burbujas económicas. El éxito de su emprendimiento y -consecuentemente-, la credibilidad de su plan de negocios, dependen por completo de la certeza que pueda producir en quien lo lee. Por ello se hace necesario que sus estimaciones sean lo más objetivas posibles.

El objetivo de su plan de negocios es obtener financiamiento para su proyecto, financiamiento que se puede obtener mediante un préstamo, mediante la asociación con otros inversionistas o mediante la inyección de sus propios recursos.

Si sus objetivos son ambiciosos, pero poco factibles, su proyecto terminará fracasando y usted conservará los compromisos que haya adquirido. Un crédito sería la última opción que yo consideraría para cualquier emprendimiento. De hecho, aun siendo la última opción que consideraría, lo pensaría exhaustivamente antes de recurrir a ello.

La ventaja principal de un crédito es la liquidez que le otorga, la cual no debe ser confundida con solvencia. Su riesgo principal es que usted incurra en impago si las cosas no le resultan como usted lo proyectó.

Pero hay un factor que es conveniente mantener en perspectiva. El crédito surge como alternativa para motivar el consumo. Extiende su capacidad adquisitiva y le permite disfrutar de prestaciones y beneficios a los que no tendría acceso sin el crédito como herramienta. Por eso es que otro nombre que se puede aplicar al crédito es el de apalancamiento. Considere al crédito como una palanca que le da impulso cuando se encuentra atascado.

En cierta medida, el crédito no es tan malo después de todo. Lo malo es el abuso del crédito como herramienta de apalancamiento, tema que explico en mi artículo “El crédito“.

Si usted planea recurrir a uno de los créditos productivos a los que se refiere la propuesta económica del nuevo gobierno, debe tener muy en cuenta su techo de endeudamiento. Como lo refiero en el artículo citado en el párrafo anterior, el techo de endeudamiento es el límite superior al que puede llegar su endeudamiento sin meterlo en problemas. Este límite se aconseja hasta un máximo del 33% de su ingreso, tomando muy en cuenta que su ingreso debe producirle la capacidad de cumplir con sus compromisos, le debe permitir su sustento y debería producirle un excedente en el que fundamente su crecimiento económico.

Considere también que el negocio de los bancos no está en lo que usted ahorra, sino en lo que usted les debe. El precio del producto que los bancos venden -el dinero-, es la tasa de interés.

Motivar la inversión en infraestructura mediante tasas atractivas de interés puede resultar muy tentador. Mi consejo: revise sus finanzas antes de comprometerse, evalúe su capacidad máxima de endeudamiento, considere la posibilidad de producir un excedente que le de capacidad de crecimiento y -sobre todo-, dado que su capacidad para cumplir su compromiso estará completamente basada en sus estimaciones de los ingresos que podría producir, asegúrese de que sus estimaciones son lo más objetivas que le sea posible.

Una mejor alternativa es buscar socios inversionistas.  Si su proyecto está sustentado por la solidez que le de su factibilidad, no debería resultarle difícil encontrar un inversionista -o más-, interesados en financiarle.

Su principal ventaja es que no queda atado al tipo de compromiso que representa un crédito. Su principal desventaja es que tiene que compartir la propiedad de su proyecto con otros.

Convencer a alguien para que financie su emprendimiento dependerá de lo realista que a esta persona le parezca su proyecto. Debe estar preparado para recibir sugerencias, efectuar modificaciones y preparar más de una versión de su plan de negocios.

De nueva cuenta, el éxito de su emprendimiento reside en la objetividad de sus estimaciones. Su éxito para atraer capital hacia su proyecto, dependerá de lo atractiva que resulte la tasa de retorno de la  inversión que plantea.

Esta alternativa es mucho mejor que la anterior, en el sentido de que comparte riesgos con sus inversionistas, más que asumirlos independientemente a través de un crédito, pero le resta el control sobre su proyecto.

Una tercera alternativa -la menos deseable de todas y, aún, la más sensata-, consiste en inyectar recursos propios a su emprendimiento. Muchos proyectos de negocios han comenzado así.

Su principal ventaja es que no tiene que compartir con nadie su emprendimiento. El riesgo subyacente continua siendo que sus estimaciones sean lo suficientemente objetivas.

Como puede ver, su éxito está garantizado por la objetividad de sus expectativas. En todo proyecto de negocios existe un riesgo implícito, pero cada riesgo introduce una estrategia para enfrentarlo. Mi libro “Cómo crear negocios exitosos” le ayuda a visualizar cada aspecto de su proyecto con la profundidad suficiente para comprender sus requerimientos, proponer estrategias de implementación y procedimientos efectivos de trabajo y a establecer una métrica de desempeño que le permita identificar los riesgos que enfrentará, así como a diseñar una mecánica que le permita hacerles frente exitosamente.

Algo que tiene que visualizar sobre la propuesta económica del nuevo gobierno es precisamente el otorgamiento de créditos productivos. Como ya lo establecí, esta sería una alternativa que difícilmente consideraría, al menos no, sin un exhaustivo análisis de mi propia capacidad de endeudamiento.

Pero esta propuesta concreta tiene otra faceta. Al abrir esta posibilidad, el gobierno está introduciendo también la posibilidad de una situación de impago que -de llegar a ser lo suficientemente severa-, podría conducir al país a un rescate bancario. Es imprescindible para usted, como empresario, reconocer que este riesgo existe y formular un plan de contingencias para prevenirlo, aún cuando el riesgo sea mínimo. Como ya he dicho en muchas otras ocasiones, en los negocios el azar no tiene absolutamente nada que ver. La fortaleza de todo negocio está en su planificación. Por eso pongo tanto énfasis en evitar esta alternativa y en cuidar que no exceda su propio tope de endeudamiento.

Considere qué podría acontecer en términos macroeconómicos si se presentara una situación crítica cuya única alternativa sea un rescate bancario. Dentro de su aspecto negativo, usted debería estar preparado para implementar candados que protejan su inversión. Desde su perspectiva positiva, una situación como la descrita sería una excelente oportunidad para aquellos que lleguen preparados a ella. Las transferencias de riqueza ocurren normalmente en este tipo de circunstancias.

Por esa razón, considero importante evitar asumir compromisos como los que implican los créditos productivos, tanto como le sea posible, para mantenerse dentro de un margen sano con respecto a su propia capacidad de endeudamiento. Considero también fundamental procurar un excedente de su ingreso que -no solo-, le garantice un crecimiento económico, sino que -además-, le permita aprovechar las oportunidades que se presenten ante una situación extrema.

Otro aspecto que es necesario abordar para completar la ecuación de la demanda global, es el que corresponde al consumo. Debido a que -para que esta propuesta económica del nuevo gobierno tenga sentido- es necesaria una política monetaria expansiva, controlar la inflación se vuelve más importante aún.

Hay dos maneras en que el gobierno puede ejercer una política fiscal recesiva que permita el control de la inflación: una es reduciendo el gasto público, lo cual el gobierno no puede hacer porque debe motivar la inversión en infraestructura a través de incrementar su gasto público en inversiones productivas -además de que existen muchas otras propuestas que por su naturaleza inherente tenderán a incrementar el gasto público- y la otra es aumentando los impuestos para inhibir el consumo, que es lo que más probablemente ocurra.

En resumen, la política que ejercerá el nuevo gobierno se vislumbra a inhibir el consumo mediante un aumento en las tasas impositivas, a reducir las tasas de interés y aumentar el gasto público para motivar la inversión en infraestructura y a mantener bajo control del tipo de cambio para asegurar condiciones de competitividad en los mercados extranjeros, algo que es necesario para impulsar la propuesta de motivar la inversión en infraestructura.

Una estrategia como la anterior es de naturaleza inflacionaria, así que para mantener el equilibrio es muy probable ver nuevos impuestos, o presenciar un aumento en los ya existentes. El objetivo es compensar una disminución en los tipos de interés con una inflación controlada y la única manera de conseguirlo es a través de los impuestos.

Si se consigue un equilibrio adecuado, esto podría motivar el empleo. Si la inflación se sale de control, aumentaría el desempleo.

Ahora, es conveniente no perder de vista la naturaleza neoliberal de estas propuestas. Hasta este punto, hemos abordado la situación desde una perspectiva Keynesiana, fundamentada en un control sustentado por la macroeconomía, pero se hace necesario considerar la perspectiva Hayekiana, que extrapola al control por medio de la política fiscal y promueve el control a través de la microeconomía motivando el crecimiento por medio de la política monetaria.

Tan solo por el hecho de que el fundamento del plan económico del nuevo gobierno es el de motivar la inversión en infraestructura, eso solamente le da un enfoque neoliberal a esta postura económica. Es decir, se busca motivar a las empresas existentes o en formación a incrementar sus inversiones productivas para elevar sus índices de productividad y competitividad, en la esperanza de producir crecimiento económico y generar nuevos empleos.

Es precisamente en este aspecto de dicha propuesta en el que fundamento mi afirmación de que las oportunidades de negocios se encuentras en proyectos de automatización u orientados a mejorar la eficiencia de las organizaciones.

Si su emprendimiento está diseñado para actuar dentro de cualquiera de estos nichos o -aún-, si no lo está, debe considerar que la palabra clave en este momento es Eficiencia. Sea cual sea la naturaleza inherente de su emprendimiento, su mejor carta está en la eficiencia; no tanto en la eficiencia con la que usted proporcione sus servicios, ni la eficiencia de sus productos, sino -más bien-, en la eficiencia en sí misma como producto. Sea lo que fuere lo que usted venda, su estrategia de ventas debe enfocarse en la eficiencia que sus productos o servicios ofrecen a sus clientes.

Como el panorama que se visualiza es el de empresas locales vendiéndoles a corporativos extranjeros, debe considerar -así mismo-, que es necesario certificarse en su área de experiencia.

Muchas de -sino todas-, las compañías extranjeras e -incluso- para cualquier proceso de licitación para venderle al gobierno, le requerirán certificaciones. Si no las tiene, su mercado no son dichas empresas o el gobierno directamente, sino las empresas locales que venden sus productos o servicios a los corporativos extranjeros o al gobierno.

Sin embargo, esto no quita las certificaciones del juego. Trate de certificarse, de manera que sus productos y/o servicios sean competitivos.

Otro aspecto que es necesario mantener en mente es que muchas empresas le pedirán algún tipo de garantía al comprarle. Esto se hace normalmente a través de fianzas. La idea de una fianza es la de demostrar que usted, como emprendedor, no solo tiene liquidez, sino -además-, solvencia. Es la manera de asegurarse de su comprador de que su producto o servicio está respaldado contra posibles pérdidas o daños que pudiesen resultar del consumo de sus productos o del uso de sus servicios.

Si todo esto le parece abrumador, recuerde: un paso a la vez. Su proyecto puede resultar muy interesante, puede ser una propuesta innovadora y subversiva, pero el Imperio Romano no se construyó en un día.

Si este es su caso, su mejor alternativa es buscar socios inversionistas.

Ahora bien, analizando lo anterior desde una perspectiva Hayekiana, para impulsar el crecimiento económico mediante la cesión del control a la microeconomía, es un pilar fundamental una política monetaria expansiva.

Lo es por diferentes razones: un inversionista puede animarse a obtener un crédito productivo para desarrollar su emprendimiento cuando las tasas de interés están lo suficientemente bajas como para de cierta manera garantizar los rendimientos estimados, el valor de la moneda local baja, lo que motiva las exportaciones y nos hace más competitivos en los mercados extranjeros, permite la creación de nuevas empresas y hace crecer a las empresas existentes, promueve el desarrollo de nuevas tecnologías orientadas a mejorar la eficiencia de las operaciones, así como también permite el establecimiento de programas de mejora continua, como el benchmarking por ejemplo, a través del cual se mejoran los procedimientos de trabajo y se sugiere la introducción de tecnologías que incrementen la productividad, por mencionar algunos ejemplos.

Sin embargo, para que las cosas resulten como lo sugiere el párrafo anterior, es necesario que el Gobierno se abstenga de intentar controlar la economía y que sus ingresos por impuestos se utilicen para financiar el gasto público únicamente.

El problema principal de la propuesta económica del nuevo Gobierno reside en que tiene que influir en el control de la economía para mantener bajo control la inflación y el único instrumento del que dispone son -precisamente-, las tasas impositivas, por lo que aumentar los impuestos existentes, crear nuevos impuestos, o modificar la Ley Fiscal para disminuir las exenciones o generalizar el impuesto al consumo, por ejemplo, son las acciones que más probablemente deberá emprender y la consecuencia de su aplicación será una afectación al consumo; es decir, a la capacidad económica de las personas.

El nuevo Gobierno debe ser muy cuidadoso al aplicar estas medidas. Un aumento exagerado de los impuestos puede inhibir el crecimiento económico que pretende lograr. El gran dilema es que necesita reducir el consumo para mantener controlada la inflación y esta medida afectará a la capacidad adquisitiva de las personas, por lo que puede pronosticarse un crecimiento moderado en aquellas empresas cuyo mercado sea el nacional pero, gracias a la política monetaria expansiva, podría mejorar las condiciones para las empresas cuyo mercado sea el internacional, esto -siempre y cuando-, no se presente un evento trágico en la economía global, que ponga en jaque a esta estrategia y -lo lamentable-, es que la probabilidad de que esto ocurra es muy alta.

Principalmente en Europa estamos presenciando una desacelaración de sus economías que se debe -en gran medida- a la presión que ejerce el control centralizado de la Unión, el cual obliga a los Estados que la conforman a mantener un determinado nivel de déficit al mismo tiempo que les impide ejercer un control sobre los tipos de interés y el tipo de cambio, lo que les dificulta mucho resolver sus problemas internos, como en el caso de Grecia o -más recientemente-, el caso de España.

Lo más probable en Europa es que continuen los rescates financieros empeorando la situación para el Pueblo sin que estas medidas conduzcan efectivamente a una solución real. El riesgo latente, es el colapso de diversas economías de la Unión y que -debido a sus álgidas circunstancias-, algunos de estos Estados opten por salir de la Zona Euro, lo que representa el caldo de cultivo para un efecto dominó que terminaría afectando a la economía global.

El riesgo para México es que -en caso de que estas fatídicas predicciones se cumplan-, el Gobierno deberá hacer uso de sus reservas para intentar mantener el tipo de cambio local si se desea mantener la competitividad en los mercados extranjeros pero, al tener estos mercados problemas, el consumo de productos mexicanos podría disminuir drásticamente.

El Gobierno saliente se ha esforzado mucho en presumir que deja las reservas más altas de la historia, que son de alrededor de 150 mil millones de dólares. El problema con esto es que -de producirse un desastre financiero global-, Banxico deberá inyectar dólares -provenientes de dichas reservas-, a la economía, aumentando su circulación y provocando así que su precio vuelva a bajar. De no hacerlo, la alternativa es permitir que el precio del dólar suba libremente, mientras el peso pierde valor, lo que ayudaría en las exportaciones, pero inhibiría las importaciones y, en una economía tan ligada a la economía estadounidense, tan dependiente de esta última, esto moderaría de manera importarte la inversión en infraestructura.

¿Por qué Banxico se esfuerza entonces para mantener bajo control del precio del dólar? Después de todo, al perder valor el peso se impulsa el comercio internacional. Al menos en teoría, al bajar el valor del peso, nuestros productos de exportación se vuelven más atractivos para nuestros clientes en el extranjero y esto debería beneficiar las exportaciones.

Sin embargo, la otra cara de la moneda es que nuestra economía está estrechamente ligada a la economía de los Estados Unidos, que es nuestro socio comercial más importante, seguido por España. Nuestra industria -conformada en gran medida por maquiladoras- depende en gran medida de la importación de tecnologías. En un evento en el que el precio del dólar sube debido a las condiciones imperantes en el mercado de divisas, las importaciones se ven seriamente afectadas y esto inhibe -a su vez-, el crecimiento económico, al debilitar nuetra capacidad productiva. Por sí misma, esta razón es más que suficiente para que Banxico intente controlar el precio del dólar.

Como ve, la protección que ofrecen tales reservas es realmente muy frágil. Una historia diferente se contaría si las reservas fueran en metales preciosos. Actualmente, México mantiene alrededor de 122 toneladas de oro en sus reservas, aunque no está del todo claro si tales reservas son mantenidas en metálico o en papel. Recientemente, en Abril de 2012, México incremento sus reservas de oro al adquirir 16.8 toneladas métricas del metal, aunque nunca se aclaró si esta adquisición se realizó en metálico o en la forma de títulos de propiedad.

¿Por qué podría ser esto un problema? Si las reservas de oro que mantiene nuestro país son en metálico, esto representa efectivamente un factor tranquilizador para nuestra economía; pero si tales reservas se han obtenido mediante títulos de propiedad, el problema se presenta al momento en que México desee hacer efectivos estos títulos. Podría ocurrir que la nación que le vendió el oro en la forma de títulos de propiedad, se niegue a hacer efectivos dichos títulos.

Esto ya sucedió al principio de los 70’s, cuando Estados Unidos decidió dejar de respaldar sus dólares con oro, como venía haciéndolo desde el acuerdo de Breton Woods. Recordemos que al ser los Estados Unidos el país con las mayores reservas de oro tras la segunda guerra mundial, una de las cosas que se acordaron en Breton Woods, fue sustituir el patrón oro por el dólar estadounidense. Es decir, que el intercambio comercial entre países se realizaría en dólares y que -siempre que algún país necesitara cambiar sus dólares por oro-, Estados Unidos le haría efectivo el cambio.

Sin embargo, por diferentes presiones a las que se vio sometida su economía -entre ellas, principalmente, la guerra de Vietnam-, las reservas de oro de los Estados Unidos disminuyeron dramáticamente y -en vez de devaluar el dólar, que es lo que debieron haber hecho-, decidieron simplemente desconocer el acuerdo de Breton Woods, dejando la economía internacional dolarizada, repleta de dólares que no tenían otro valor que el fiduciario.

Para empeorar este escenario, los Estados Unidos habían estado acumulando deuda y enfrentando nuevos déficits que no hacían sino aumentar cada vez más su deuda.

La razón por la que durante décadas los Estados Unidos han estado emitiendo deuda pública es bastante sencilla de comprender en realidad. Piense en que -como individuo-, usted gasta más de lo que percibe. Esto provocará déficits en su economía, ya que usted estará comprometido con sus acreedores y deberá responderles. Quizá opte -por ejemplo-, por pagar una de sus tarjetas de crédito para -una vez que lo ha hecho-, obtener efectivo de allí mismo para pagar otra de sus tarjetas.

Es decir, cuando usted gasta más de lo que recibe, la alternativa a la que más usualmente acude es a endeudarse. Así que adquiere un nuevo crédito para liquidar sus compromisos pendientes, aunque permanece comprometido por las nuevas deudas.

En una situación así, posiblemente usted aceptará cualquier tasa de interés que su prestamista le fije. Algo así ha hecho Estados Unidos, solo que -en este caso-, para obtener el financiamiento a través de deuda pública, el mismo Estados Unidos debería haber fijado una tasa de rendimiento más alta, de modo que sus prestamistas se animesen a adquirir la deuda pública que los Estados Unidos emiten.

En otras palabras, Estados Unidos tendría que haber elevado las tasas de interés que debe pagar por el financiamiento que recibe a través de su deuda pública.

Al incrementarse sus obligaciones, por el solo hecho de tener que pagar su deuda, la demanda internacional de dólares se incrementa y -debido a que para satisfacerla, es necesario aumentar también la oferta de dólares-, el valor del dólar aumenta.

Al aumentar el valor del dólar, se restinge las exportaciones, restringiendo -a su vez- la competitividad de los Estados Unidos en los mercados internacionales, al mismo tiempo que se motivan sus importaciones.

Dado que se sacrifican ingresos provenientes de las exportaciones y se aumenta su inversión al incrementarse las importaciones, se produce un déficit en la cuenta corriente de su balanza de pagos.

La anterior es la teoría del doble déficit y explica lo que ocurre cuando, para hacer frente a las necesidades internas que han conducido a un déficit público, se recurre a la emisión de deuda pública con el fin de financiar dichas necesidades.

Esta teoría explica -al menos-, lo que Estados Unidos debió hacer ante el déficit público que enfrenta; sin embargo, la realidad se impone y lo que muestra la realidad es lo que aconteció en el 2008, cuando la economía de los Estados Unidos entró en una recesión muy severa de la cual ha comenzado solo a recuperarse.

El punto de interés en este planteamiento radica precisamente en la contradicción de que -no obstante que los Estados Unidos han debido atender a un problema de déficit público que les obligaría a incrementar sus tasas de interés para atraer financiamiento a través de la emisión de deuda pública-, han mantenido sin embargo bajas sus tasas de interés para motivar la inversión en infraestructura, lo que ha dado origen a burbujas económicas que terminaron estallando hacia finales del 2008.

Quiza en este punto se pregunte qué tipo de truco de magia emplearon los Estados Unidos para arreglarselas para mantener bajas sus tasas de interés y -sin embargo-, atraer financiamiento mediante la emisión de deuda pública.

No se trata de ningún truco de magia. La respuesta la obtenemos al voltear hacia China. Al incorporarse China a la economía del mercado, los chinos tomaron la decisión estratégica de adquirir deuda estadounidense y simultaneamente, tomaron la decisión de vincular el Yuan -su moneda-, al dólar.

El interés de los Chinos por la deuda pública estadounidense radica en que -de esta manera-, conseguirían que los tipos de interés en los Estado Unidos se mantuvieran bajos, lo que le permitiría a los Estados Unidos mantener bajo su tipo de cambio y -como el Yuan está vinculado al dólar estadounidense-, de esta manera conseguirían también mantener bajo el valor del Yuan, con lo que impulsarían sus exportaciones. Así, la emisión de deuda pública de Estados Unidos quedaría garantizada por China. Esta es -así mismo-, la razón por la que China se ha convertido en una gran potencia económica y explica también a que se debe el crecimiento económico tan espectacular que hemos visto en ese país.

En adición, todo lo explicado anteriormente nos da un atizbo de lo frágil que resulta nuestra propia economía en caso de que presenciemos el peor de los escenarios posibles: un desastre financiero global.

Así, uno de los riesgo de colapso inminente lo tenemos al norte, en los Estados Unidos que -si bien-, han estado recuperándose, no lo han hecho del todo y el otro -que tiene el potencial de descalabrar al sistema financiero global- es Europa.

Por todo lo anterior es muy recomendable que no pierda de vista la necesidad de reservar una parte de su ingreso para impulsar su propio crecimiento económico. Si el peor de los escenarios posibles efectivamente tuviera lugar, usted estaría protegido. Trate -además-, de evitar en la medida de lo posible el apalancamiento y, si no le queda más alternativa que acudir a este como alternativa, hágalo de manera responsable, teniendo muy en cuenta su propio techo de endeudamiento.

Si desea contactar al autor, puede escribirle a manuelmanrique@comocrearnegociosexitosos.com.

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