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La Guerra Sucia para Dummies


Durante el fin de semana, Carlos Marín se mofaba del movimiento Yo Soy #132 diciendo que le parece una contradicción que el movimiento se declare apartidista y -al mismo tiempo-, anti-Peña. Lo que Marin parece no comprender -no sé si por falta de capacidad o por falta de interés- es que, declararse anti-Peña, nada tiene que ver con este tristemente célebre individuo, sino -más bien-, con la imposición que él representa.

La mayoría de nosotros no hemos tenido el privilegio o el infortunio de tratar a Peña Nieto en persona; es decir, en el plano personal, conociéndole como individuo, averiguando sus aficiones, sus preferencias, sus sueños e ilusiones. Todo lo que la mayoría sabemos de él es lo que hemos visto en reportajes, chismes, videos a favor y en contra. En fin, lo que pretendo decir es que, en el ámbito de lo personal, nadie que no sea cercano a él tiene verdaderos motivos para amarle ni para odiarle, solo tenemos simpatías o apatías que son el producto de la mercadotecnia. Nada más.

En contraste, lo que si tenemos es una experiencia muy poco grata de lo que gobiernos como los del PRI han representando para el pueblo de México: corrupción, impunidad, abusos, excesos, crisis económicas, hiper-inflación, devaluaciones continuas, rescates bancarios, entreguismo, escases de oportunidades, una galopante desigualdad, privilegios para unos cuantos, sometimiento de la mayoría, genocidios… y la lista podría prolongarse durante horas, tal vez, eternamente.

Recientemente se han puesto en evidencia malos manejos con la tendencia a evitar que una de las opciones prevalezca con el único objetivo de mantener el statu quo, que favorece a los mismos de siempre a costillas del pueblo, cada vez más reprimido.

Encima de toda esta parafernalia, anoche presenciamos un debate que se convirtió en cuadrilátero donde pudimos apreciar una batalla campal. La sangre salpicaba a diestra y siniestra y ningún candidato salió sin hematomas del ring.

Por si esto fuera poco, se ha emprendido una campaña de desprestigio generalizada, en la que un candidato expone las vergüenzas del otro sin beneficio aparente para el pueblo. Digo “sin beneficio aparente para el pueblo” porque verdaramente no reporta beneficio alguno para el ciudadano de a pie.

El propósito de esta guerra sucia es simplemente el de polarizar. Algo que los políticos saben sobre nosotros -y lo saben muy bien-, es que -como masa-, somos generalmente estúpidos cuando nos dejamos arrastrar por nuestras pasiones.

Saben que la mayoría de los ciudadanos no tenemos la costumbre de escrutar lo que los políticos hacen y/o dicen. Después de todo, es más cómodo creer en rumores que investigarlos.

Por ello, crean leyendas urbanas en torno a sus contendientes y las ponen a disposición del público. Saben que la masa se encargará del resto.

Así, se configuran grupos de apoyo para cada uno de ellos y el candidato que logre congregar a una mayor multitud, será quien resulte favorecido en un proceso electoral.

Algunas veces, cuando -al medir sus probabilidades-, se dan cuenta de sus propias debilidades, buscan alianzas con otras fuerzas de apoyo y ese es el propósito de los partidos pequeños, que logran solo unas cuantas curules en el congreso.

Si el PRI se ha aliado con el PVEM, ha sido debido a que está consciente de la gran desventaja que para ellos representa su historia. Aún hoy, viven bajo el estigma de que “sabemos lo que hicieron el siglo pasado“. Por su parte, el PVEM, ha logrado captar simpatía entre el electorado gracias a su mercadotecnia. Comenzó como un partido de gente joven, coqueteó después con la imagen del Doctor Simi y ahora hace propuestas evidentemente populistas que ocultan una intención nada popular.

En el pasado, este partido -PVEM- sugería reducir la vigencia de las patentes. Lo que no decía es que la vigencia de las patentes tiene el propósito de garantizar un retorno de inversión. Tampoco decía que al reducir la vigencia de las patentes, no se referían a las patentes en general, sino a las patentes de los medicamentos, para impulsar el mercado de los medicamentos similares que -les guste admitirlo o no-, es un negocio familiar.

También hablaron de legalizar los psicotrópicos, vendiéndonos esta propuesta en el sentido de que reduciría el narcotráfico. Lo que no dijeron es que a ellos el pueblo les importa un carajo. El verdadero propósito de esta propuesta es el de hacer que los narcotraficantes paguen impuestos.

Luego propusieron al Doctor Simi como candidato independiente, con el único fin de desviar la atención aprovechando la simpatía que produce en el pueblo la imagen de un viejito gordo que baila afuera de las farmacias.

Hoy, cuestionan las cuotas escolares en escuelas públicas sin decir que las cuotas las cobran los comités de padres de familia y que los maestros no tienen acceso a tales recursos, ni mencionan que estas cuotas se destinan a funciones como el mantenimiento de las escuelas y la adquisición de material escolar ya que, aunque es obligación del Gobierno y este promete allegar dichos recursos, nunca cumple sus promesas.

También acusan la falta de medicamentos en las instituciones de salud pública, pero no aclaran que si tales medicamentos faltan, es debido al uso que se le da a los presupuestos de salud pública, que lo que se debe corregir es la administración de dichos recursos y -por supuesto-, tampoco dicen -aunque sea de paso-, que los vales de medicina beneficiarían principalmente al negocio familiar.

No obstante todo lo anterior, todos nos reimos del viejito gordo -que nos recuerda a Santa Claus-, que baila afuera de las farmacias e -incluso-, hay algunos jóvenes que encuentran divertido derribarlo como si estuvieran jugando un “tochito”.

Es decir, el PVEM es como Encantador, el rival de Shrek. Es el lado bonito del PRI que se usa para seducir a los electores menos interesados en evaluar la oferta política. ¿Y por qué no? Después de todo, como méxicanos, seguimos envidiando un patrón de belleza caucásica sin darnos cuenta de que -como grupo étnico-, tenemos una belleza propia que otras etnias nos envidian.

Al PVEM añadamos el descarado coqueteo que a principios de año tuvo Elba Esther Gordillo -lidereza del PANAL- con el PRI. A raíz del primer debate, quedé fascinado con las propuestas de Quadri. Parecía como si este tipo estuviera leyéndome la mente. La mayoría de sus propuestas se alinean con lo que yo llamo “Los tres pilares del crecimiento económico” que -por supuesto-, es otro artículo que escribí hace meses. Además, estas propuestas tienen la virtud de impulsar un crecimiento natural, a diferencia del crecimiento artificial promovido por el PAN durante sus dos últimos sexenios.

El crecimiento que plantean las propuestas de Quadri, me parece natural porque hacen que la economía se desarrolle de manera natural según las leyes que rigen los mercados.

En contrapartida, el crecimiento propuesto por el PAN me parece artificial por diversas razones. Si observamos con lupa los doce años del PAN en el Gobierno, veremos que la economía se encuentra efectivamente paralizada, como bien lo indica el PRI. El PAN llama a esto estabilidad económica y sustenta su tesis en que Calderón dejará el poder con más de 150 mil millones de dólares en reservas y el Doctor Carstens insiste en diagnosticar una economía robusta que ni la peor “tragedia griega” y el consecuente efecto dominó que se produciría en Europa a raíz de que Grecia abandonase eventualmente la zona Euro, lograría hacer tambalear a la economía mexicana.

Yo difiero del diagnóstico del Doctor Carstens -sin tener su preparación académica, debo aclarar-, en parte, porque algo así diagnóstico en el 2008, cuando aseguraba que la pandemia en Estados Unidos gracias a su crisis económica no nos provaría ni un resfriado leve y -contrario a sus predicciones-, fuimos asediados por la influenza H1N1, que obligó a detener la actividad económica, que ocasionó un rechazo racista contra los mexicanos a nivel mundial y tras la cual, se tuvo que admitir que México estaba en problemas pero -curándose en salud-, asegurando que la desaceleración económica en México era producto de la parálisis a la que nos condujo la influenza.

Pero desde un punto de vista objetivo, difiero del Doctor Carstens -en principio-, porque nuestras “reservas” -por elevadas que estas sean-, son en dólares, la moneda de Estados Unidos, el país más endeudado del mundo.

Si una catástrofe ocurre en los mercados europeos, esta se diseminará rápidamente a nivel global y una de las economías que más lo resentirá, será precisamente la economía estadounidense.

Nosotros lo veremos en medio de un negro episodio de alta volatilidad cambiara -recuerde que actualmente, desde la época del Doctor Zedillo, México ha sostenido una política cambiaria de libre flotación que, en términos llanos, significa que el valor del dólar está determinado por la oferta y la demanda de esta divisa-.

Esto lo hemos visto varias veces en los últimos años. Para controlar un aumento acelerado del valor del dólar, la respuesta de Banxico consiste en realizar una subasta pública de dólares, con la intención de incrementar la demanda y hacer bajar el precio del dólar.

Ante una situación caótica -como la que ya se prevee en la economía europea-, este efecto se multiplicaría a nivel global. México tendría que hacer uso de sus reservas -150 mil millones de dólares, según Calderón-, para tratar de contener el efecto de una crisis de tales proporciones en el mercado cambiario.

Pero esa solo es la punta del Iceberg. La economía mundial entraría en recesión, disminuirían las exportaciones y las importaciones quizas se volverían prohibitivas -por su precio-. La consecuente apreciación del peso nos haría menos competitivos, ante mercados internacionales que -ya de por si-, estarían en problemas.

Si esos 150 mil millones se expresaran en metálico -oro, por ejemplo o, mejor aún, en plata, dado que somos los principales productores del planta a nivel global-, la historia sería muy diferente. No dependeríamos de una moneda cuyo valor depende de la aceptación de la gente, que no es mucha. Ya en el 2009, China y varios otros países comenzaron a sugerir que se utilizara cualquier otra divisa para realizar el intercambio comercial internacional.

Cuando Andrés Manuel López Obrador acusa a los regímenes PRIistas y PANistas de haber no solo contraido, sino inhibido, el crecimiento económico, su fundamento es que -efectivamente-, no lo hay. El PAN puede jurar que México tiene una economía estable; lo que no aclara es en qué nivel -con respecto al pleno empleo-, está estable la economía. Creo que no necesito abundar en la escases de empleo -razón por la cual Josefina Vázquez Mota insiste tanto en formalizar el mercado laboral- y de las fuertes restricciones a las que nuestra propia demografía nos ha orillado.

México es un país de jóvenes. Jóvenes que demandan posiciones laborales. Jóvenes que muchas veces son rechazados por no tener experiencia. Jóvenes que -una vez que se incorporan al mercado laboral-, deben aceptar remuneraciones pírricas porque la oferta laboral es demasiado escasa y la demanda de empleos es demasiado alta.

En el otro extremo están los adultos que ya han superado un cierto umbral de edad, que son rechazados sin mayores explicaciones por un mercado que se contradice entre la juventud y la experiencia.

Por todas esas consideraciones, al conocer la propuesta de Quadri, quedé impresionado desde la primera vez. Pero la fascinación duró poco. Al principio, recordé el coqueteo descarado de la Gordillo con el PRI. Después, empecé a observador conductas atípicas en Quadri, lo que me hizo sospechar que la oferta de Quadri y -en su conjunto, del PANAL-, parecía sospechosamente un plan de contingencias del PRI. A estas alturas del partido -sin mencionar las razones precisas de mis fundamentos pues, por el momento, solo son rumores-, parece que no he estado tan equivocado después de todo.

Ahora me encuentro más dispuesto a favorecer con mi voto a AMLO, quien también se ha organizado en alianzas con diversos partidos pequeños, aunque por razones diferentes.

Cualquiera que haya testificado los eventos de 1988, sabrá que el movimiento de izquierda -al menos desde entonces-, ha tenido una gran aceptación popular. También entenderá que -desde entonces, por lo menos-, los movimientos favorables a la izquierda han sido reprimidos y la voluntad del pueblo ha sido defraudada en múltiples ocasiones.

Creo importante aclarar el hecho de que a mi no me convencen las políticas de izquierda. Las percibo antinátura y -para ser honestos-, a mi me parece más viable una economía ligada al mercado. Debo aclarar también que no siempre me he sentido atraído por las propuestas de AMLO y que -de hecho-, aún conservo diarios del 2000, cuando se produjo la “alternancia”, porque ese simple hecho histórico tiene un gran valor para mí, simplemente porque llegué a creer que moriría sin que mis ojos presenciaran ese fenómeno.

No me identifico con los movimientos de izquierda porque -desde mi perspectiva-, presentan una alta dependencia del gasto público, lo que conduce a déficits que -al acumularse-, incrementan la deuda pública. Esto precisamente es lo que ha llevado a Grecia a la álgida situación en que se encuentra ahora.

Para comprenderlo, suponga que recién ha obtenido un empleo en el que le pagan muy bien. Debido a su repentina prosperidad, empieza a adoptar un estilo de vida que depende fuertemente de su ingreso. Usted se sorprende a sí mismo, haciendo proyecciones basadas en suposiciones de lo que puede hacer con su ingreso. De pronto, la compañía para la que trabaja hace un recorte de personal y usted es uno de los que pierden su empleo. Tras mucho batallar, por fin consigue otro empleo que le ofrece un ingreso inferior, pero tiene que aceptarlo porque debe sobrevivir.

Lo lógico en este punto es que deba ajustar su presupuesto a sus nuevas condiciones, pero se resiste a perder su anterior estilo de vida y comienza a endeudarse y lo hace hasta un punto en que deja de ser sano. Pronto, enfrentará déficits que financiará con nuevos préstamos y esto le conducirá a una espiral negativa cuyo único resultado previsible es el colapso de su economía.

En general, esa es mi razón para no concordar con las ideas de izquierda. Cómo se desempeñe el Gobierno de López Obrador en caso de que él gane y el Gobierno respete nuestra decisión, depende de las circunstancias específicas que AMLO deba enfrentar.

En este punto del cuento, hemos alcanzado un punto de inflexión. El sistema hizo sus proyecciones basándose en el supuesto de que siempre podrían adormecer nuestro intelecto con partidos de futbol y telenovelas de moda.

Las cosas se le salieron de control con la aparición de Yo Soy #132. De pronto, comenzaron a visualizar que no les resultaría tan sencillo como lo habían planeado, así que llegó el momento de aplicar los consejos de ese antiguo general chino, Sun Tzu y de este otro estratega italiano Nicollò Machiavelli.

Por una parte, Machiavelli sugiere -entre otros-, que el fin justifica los medios, algo que los políticos que están inmersos en este álgido proceso electoral siguen a pie juntillas, por el otro, que la única manera de asegurar la prevalescencia de un poder es masacrando sin misericordia y totalmente a tu enemigo, dejando solo a los grupos más débiles y dispersos, de manera que no puedan volver a organizarse.

De ahí que las declaraciones de un partido en relación con sus adversarios sean tan cruentas.

Ahora bien, Sun Tzu afirma que “el arte de la guerra es el arte del engaño” -cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia-, que “la mejor batalla es aquella que no se pelea” y que “toda batalla se gana o se pierde antes de que tenga lugar”.

La primera aseveración de Sun Tzu es tan evidente por sí misma, que debería ser axiomática. Los políticos la aplican todo el tiempo: muestran su disposición a un determinado actuar y -de pronto-, sorprenden a su adversario con acciones diferentes. Por eso es que entre partidos se conocen tan bien entre sí. No es lógico que un partido no se prepare en anticipación ante los posibles cursos de acción de sus adversarios. Ejemplos hay muchos: Quadri sorprendiendo a todos en el primer debate, al que los demás candidatos llegaron ignorándolo por completo, Peña Nieto afirmando que no dividiría al país, Vázquez Mota y la innegable ambigüedad en sus propuestas, AMLO y su República amorosa.

La segunda consiste en la negociación, como la que tuvo lugar cuando se conformaron las alianzas interpartidistas.

La tercera -también producto de la negociación-, es aquella en la que se formulan acuerdos entre las distintas fuerzas para evitar el confrontamiento, si este no es necesario -la mayoría de las guerras nunca lo son-.

Sin que se considere una afirmación -por favor-, examine meticulosamente lo que tenemos sobre la mesa: un partido declaradamente de izquierda y tres partidos con distintas ideologías -sí-, pero que tienen en común su defensa a los intereses corporativistas.

En base a esta percepción -insisto, solo como una suposición que el tiempo se encargará de probar o refutar-, ¿qué posibilidad percibe de que exista un acuerdo para impedir el acceso de AMLO a la Presidencia? Recuerde el artículo de Jo Tuckman para The Guardian, cuya traducción recién publiqué con permiso de The Guardian. Dejo a su criterio las conclusiones a las que pueda llegar tras leer mi traducción y su disposición a aceptar o rechazar mi planteamiento. No obstante, este es un excelente ejemplo de la tercera aseveración de Sun Tzu.

Pero Sun Tzu tiene mucho más que ofrecer, como estas recomendaciones para el manejo de tropas:

  1. Si tus fuerzas son 10 veces superiores a las de tu oponente, rodéalo.
  2. Cuando la proporción sea de cinco a uno, atácalo.
  3. Si lo doblas en fuerzas, divídelo.
  4. Si las fuerzas son iguales, puedes presentar combate.
  5. Si tus fuerzas son inferiores, retírate.
  6. Si eres inferior en todos los aspectos, huye; ya que un ejército pequeño es presa fácil para un ejército poderoso.

La primera es lo que vimos cuando el sistema calculó -mal- que no tendría problemas para imponer a Peña Nieto.

Al surgir el movimiento Yo Soy #132, calcularon -otra vez, mal-, que podrían aplicar el segundo consejo.

Ahora están haciendo uso del tercer consejo. Lo vemos todos los días. Hasta el candidato que no dividiría al país está haciendo guerra sucia. Josefina llamó a las fuerzas de izquierda y derecha a apoyar su candidatura en el debate de anoche. Quadrí sigue atacando sin ton ni son -por la libre-, al tiempo que apoya a Peña Nieto y AMLO “se deja querer”.

El cuarto consejo lo vimos cuando -en apariencia-, tanto AMLO como Vázquez Mota, se disputaban el segundo lugar. En apariencia se ignoraban mutuamente, pero en el primer debate ambos se atacaron.

Los últimos dos consejos aplican perfectamente a Quadri.

Esta guerra sucia no es una guerra para masacrar al opositor. Es una guerra para despertar pasiones desenfrenadas en la audiencia. Su propósito no es el de “demandar” las acciones cuestionables de los candidatos. Si lo fuera, más de uno de ellos -todos diría yo-, deberían aceptar la visita conyugal en el reclusorio.

Su propósito es polarizar al país, provocar divisiones entre el pueblo. Apelar a nuestras más bajas pasiones a favor de alguno de ellos.

¿Dejaremos que nos manipulen de esta manera?

Le confesaré algo. Conozco muchas personas que piensan distinto que yo. No voy a pelarme con ellas por no aceptar mis razonamientos. Incluso, algunas de esas personas son muy cercanas a mí.

Anteanoche, mientras departía con la familia de mi hermano, inicié una discusión sobre política. ¡Hasta los pequeños participaban desde su cómoda inocencia! De pronto, mi hermano pidió que no habláramos sobre política y se respaldó con el clásico “es un tema en el que nadie gana”.

Más tarde -esa misma noche-, recordando un video de Yokoi Kenji, en el que afirma que los japoneses son un pueblo muy pacífico y detallaba la importancia que para los nipones tiene el disculparse, me disculpé con mi hermano.

Entonces él me contó de cómo, las elecciones pasadas, el sufrió la presión por parte de su esposa para que votará por el PRI y cómo él se debatió entre satisfacer los deseos de su esposa o votar por AMLO, como él quería. Fue en ese momento que comprendí lo que mis acciones representaban para él y valoré su punto de vista.

Hoy, los medios han anunciado la separación de un grupo del movimiento Yo Soy #132, para conformar un nuevo grupo conocido como “Generación MX”. En el mismo espacio, se ha hablado profusamente de movimientos en apoyo al PRI y a EPN. Es claro que este “divorcio” entre jóvenes de Yo Soy #132 y Generación MX tiene tintes sospechosamente PRIistas.

Lo que se busca es “dividir“, lo que representa buenas noticias, ya que habla de la fragilidad de la imposición que el sistema pretende concretar.

Hace poco, Yo Soy #132 planteaba el cuestionamiento sobre qué hacer si EPN gana. Propongo lo siguiente:

  1. Aceptemos el triunfo de quién sea declarado vencedor pacífica y democráticamente.
  2. Ejerzamos presión sobre el Gobierno para auditarle por medios civiles.
  3. Si el Gobierno lleva a cabo medidas que dañen al pueblo de cualquier forma, ejerzamos desobediencia civil pacífica.
  4. Exijamos al Gobierno rendir cuentas ante el pueblo y vigilemos que lo haga.

En este momento de la historia, estamos viviendo circunstancias excepcionales. Gane quien gane las elecciones, el pueblo ya ha ganado. Ganamos en el sentido de que -por primera vez en la historia-, el Gobierno sabe que ha perdido su control sobre el pueblo.

Esta no debe ser una Revolución de sangre, tiene que ser una Revolución de ideas. El mensaje ha sido exitósamente transmitido. El Gobierno ya sabe que sus antiguas praxis han dejado de ser válidas. Lo hemos orillado a darse cuenta de que manipularnos no será tan sencillo como ponernos telenovelas y futbol. Lo hemos obligado a replantearse sus viejas prácticas y lo hemos puesto en camino de su propia evolución.

¡YA GANAMOS!

¡Esta es una Revolución de Información!

Quisiera terminar citando a Richard Bach, con un cuento con que inicia su libro Ilusiones:

Trata sobre unos seres que vivían sumergidos en el agua y se aferraban a lo que podían para evitar que la corriente los arrastrase. Uno de ellos -cansado de vivir aferrado-, decidió soltarse y dejarse llevar. Los demás le gritaron: “¡Estás loco! ¡La corriente te va a arrastrar!“, a lo que él lacónicamente respondió: “¡No me importa! ¡Estoy harto de vivir aferrado!“.

De pronto, comenzó a elevarse por encima de los seres, por encima de la corriente y desapareció. No volvieron a saber de él en mucho tiempo. Admirados, construyeron templos y crearon ritos en torno a él.

Mucho tiempo después, él regresó y vio todos esos templos y observó los ritos que se crearon en su honor y simplemente les dijo: “¡Yo no pedí que me construyeran templos! ¡Yo no pedí que realizaran ceremonias en mi honor! ¡Si ustedes se hubieran soltado confiando en sus intintos, también se habrían elevado!”

No nos aferremos a paradigmas a todas luces disfuncionales. La única manera de avanzar, es atreviéndonos a abandonar esos paradigmas que se han convertido en un lastre y forjarnos unos nuevos.

¡Ya ganamos! Es momento de construir.

Si desea contactar al autor, puede escribirle a manuelmanrique@comocrearnegociosexitosos.com.

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  1. Aún no hay comentarios.
  1. junio 19, 2012, 2:02:43 en 2:02

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