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La convergencia de la tecnología y los negocios en el siglo XXI


El fenómeno que presenciamos en nuestros días relacionado con la notable influencia que ha tenido la Internet en nuestra vida diaria y su cada vez mayor presencia en el entorno empresarial es característico de una era nueva que se inició hace poco más de 30 años: La Era de la Información.

¿Quién iba a pensar en aquellos lejanos días que lo que vemos hoy tendría -en algún momento-, lugar? Yo lo hice, pero un poco tarde, en 1995, cuando accedí por primera vez a la Internet.

Fue mágico. Recuerdo que esperaba mi turno en la oficina para que me permitieran utilizar esa vieja 386 en la que tenian contratado un servicio de Internet por Dial-Up. Me sentía expectante. No podía aguardar. Deseaba tanto que me cedieran el lugar para hacerlo.

El primer sitio que visité fue el del museo de Louvre y recuerdo nítidamente que mis compañeros se burlaron de mí cuando exclamé: ¡Estoy en París!

Pero no importó. Lo que ocurrió fue simplemente que ellos tenían una perspectiva distinta. Para mí, fue el comprender de pronto cómo un incipiente cambio tenía lugar de pronto.

Pero la Internet no fue la única revolución que viví como una experiencia directa. Soy de aquellos que pueden presumir el haber vivido el surgimiento de un mercado sin el cuál, la Internet no tendría el impacto que tiene hoy. A mí me tocó ver el surgimiento del mercado de la microcomputación.

Recuerdo que -un día-, cuando tenía 18 años, visité a mi familia en mi Estado de origen y llevé un catalogo de las viejas microcomputadoras Micron para intentar vender una entre los contadores de mi pueblo natal. Jamás olvidaré la respuesta que me dió uno de ellos: ¡Estos son juguetes! ¡Nosotros no necesitamos de estos chunches! ¡Podemos hacerlo todo a mano!

Hoy me da risa. Sobre todo cuando considero que esa misma respuesta la escuché una y otra vez en distintas versiones. Durante los 80’s trabajé en una compañía de producción de electricidad en el centro de cómputo, donde teníamos una antigua computadora Honeywell Bull Level 6, con sistema operativo GCOS-6. En algún momento, mi jefe adquirió una PC para su secretaria y yo le insistía en que esos pequeños equipos tenía el mismo poder de cómputo que la Level-6 y él se reía de mí y solo decía que yo estaba loco.

Otro evento memorable para mí fue cuando desarrollé una aplicación para control de inventarios para el dueño de una bodega de refacciones para motores a Diesel. Cuando estaba en los tratos iniciales con mi cliente, él me decía que no sabía porqué había comprado ese juguete. Meses después, cada vez que algo no funcionaba con sus computadoras, me reclamaba diciendo que vivir sin las computadoras es la muerte para el: Hacer una lista de precios a mano -por ejemplo-, antes le tomaba por lo menos 15 días. Con la ayuda de las computadoras, podía tenerla en ¡un par de minutos!

En 1995, cuando accedí por primera vez a la Internet, tuve una epifanía. En un instante reconocí una transición histórica y supe de inmediato que estaba frente a la más grande oportunidad de mi vida.

Steve Jobs dijo una vez que cada momento cuenta. En un instante, tienes un momento de inspiración y -en ese instante-, no tienes la menor idea que cómo va a afectar en tu vida pero que -tiempo después-, todo se vuelve prístino.

El mundo que compartirmos no es ni remotamente parecido al mundo que ví hace 10 años. Por supuesto, no tiene absolutamente relación alguna con el mundo en que viví hace 20 años y nada tiene que ver con el mundo de hace 30 años.

La evolución que estamos viviendo -¡tan acelerada!-, se explica completamente al considerar que vivimos en los albores de la Era de la Información.

La manera en que funciona el mundo de hoy es una consecuencia de una etapa de transición que vivimos entre la Era Industrial y la Era de la Información.

El cambio, no se ha completado y -según creo-, falta mucho para que se concrete. Sin embargo, las reglas del juego ya cambiaron y vemos sus efectos todos los días.

Hace meses los Estados Unidos han empezado a sufrir los efectos de SOPA y -en mi país, mi amado México-, padecemos la mal elabora copia conocida como la Ley de Döring.

Teóricamente, este tipo de iniciativas son promovidas con el objetivo de promover el respeto a los derechos inaliebables que otorgan las leyes de propiedad industrial e intelectual de los diferentes paises y acuerdos internacionales, pero son promovidas por gente que es como una mula a la que se le han puesto viceras para que solo pueda mirar hacia el frente.

Esta gente anacrónica no puede comprender que las reglas son diferentes. No me malinterprete. Yo tengo contenidos protegidos por ambas leyes -la de propiedad intelectual y la de propiedad industrial-; a mí más que a nadie me interesa disfrutar de los beneficios que tal protección me garantiza, pero hace 9 años tuve otra de mis epifanías. Me preguntaba porqué no vendía mis programas aplicativos con suficiente éxito y -como la caída de un rayo-, repentinamente la respuesta vino a mí: “El modelo de negocios que sustenta el mercado del software está obsoleto“.

Cuando fui de capaz de comprender tal aseveración, de pronto, supe exactamente lo que tenía que hacer: Debía crear un modelo de negocios en el que el producto principal: el softwae, fuera gratuito.

Vivimos la era de la información y el producto por excelencia de esta era es precisamente ese: la información.

La información tiene una propiedad que la hace completamente diferente a cualquier otro producto que el hombre haya producido jamás. La información es fácilmente reproducible.

Además, la información es como el aire. ¡Todos la necesitamos para sobrevir!

La información se genera a cada instante. No podemos restringirla a un entorno acotado por los privilegios individuales.

En economía diríamos que el aire no se cobra porque está disponible sin que haya de por medio ningún esfuerzo humano para producirlo. Cuando llegue el día en que debamos producir el aire para darle a la gente la oportunidad de vivir, entonces si podremos hacer negocio con dicho gas.

Exactamente eso ocurre con la información.

Entonces, si la información debe ser gratuita, ¿cómo es posible lucrar con ella? Bien, de hecho, se puede. Compañias como Google y FaceBook ya lo están haciendo justo ahora.

Es por ello que antes de promover leyes estúpidas que son producto de una terrible escases de visión, es necesario considerar las alternativas y ponderar su desempeño estimado.

¡Vivimos en la Era de la Información, por Dios!

por Manuel Manrique

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