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Los tres pilares del crecimiento económico


Cuando observas a tu alrededor y te descubres en un país lleno de oportunidades y desigualdad simultáneamente, es fácil plantearse la cuestión de qué hace falta para lograr mejores condiciones de vida para sus ciudadanos.

En mi caso, tuve esta epifanía hace poco más de una década. Tras setenta años de la dictadura de un partido –de pronto-, tuvimos la esperanza de una democracia en ciernes.

Cuando por fin ocurrió que los ciudadanos elegimos un destino distinto y se respetó nuestra decisión, nos vimos cara a cara con un universo de posibilidades que antes nos estaban vedadas. Era raro vivir en un país en el que de un instante a otro, veíamos al anterior partido aceptar su derrota y confirmar el triunfo del partido rival.

Para mí, fue como tener de repente la oportunidad  de crear un país nuevo, sobre las cenizas del anterior y –una noche-, sin saber cómo llegó, tuve la visión de lo que mi país podría llegar a ser y me di cuenta de inmediato que no tenía la más mínima idea del cómo llegar a ser.

Reflexioné durante días y –así como llegó a mi esa visión de lo que mi país podría llegar a ser-, de pronto comprendí que –para lograrlo-, hacen falta tres pilares que –si son sólidos-, tienen el potencial de producir crecimiento económico.

Estos tres pilares que identifiqué son:

  1. Modo de vida digno.
  2. Educación de calidad.
  3. Desarrollo de nuestra propia ciencia y tecnología.

Aún hoy sigo pensando que –de cumplirse estas tres condiciones-, mi país experimentaría un mayor crecimiento que el que año con año los políticos nos prometen.

Me gustaría ahora explicar cada uno y compartir contigo porqué considero que son importantes.

Modo de vida digno

La relevancia del fordismo como modelo de productividad –obviando la posterior creación de otros modelos que introducen mejoras al proceso productivo-, es que por primera vez se considera la importancia de que el trabajador sea mejor remunerado, no solo porque incrementa su calidad de vida, permitiendo la aparición de la clase media estadounidense, como porque aumenta la capacidad de consumo de las personas, revitalizando la economía y acercando los satisfactores a una mayor masa de consumidores.

Cada vez que leo las ofertas de empleo –en mi país-, veo lista, tras lista de empleos mal remunerados. Cuando examino la oferta educativa, puedo apreciar fábricas de profesionistas al por mayor y, si echo una ojeada a las estadísticas de población, es sorprendente la proporción de jóvenes con respecto a viejos en las cifras de población.

Todos estos factores son más interesantes de lo que podrían parecer a primera vista. Se explican unos a otros y son un claro indicativo de lo que acontece a la economía de este país.

Las altas tasas de natalidad dan lugar a una población principalmente joven, que demanda –entre otras cosas-, servicios educativos –sin cuestionar la calidad de estos en este punto-, que llena las filas de profesionistas preparados -según la era industrial-, para alguna de las carreras más populares, con el evidente resultado de una oferta incrementada de mano de obra en sectores económicos que están –ya de por si-, saturados.

No hace falta ser un genio para entender las implicaciones del anterior escenario: al incrementarse la demanda por oportunidades laborales en determinados sectores de la actividad económica, el precio de la remuneración en dichas áreas disminuye.

Por otra parte, los empleadores sufren la presión de contratar a los nuevos profesionistas y, debido a ello, rehúsan aprovechar la experiencia y talentos de personas que sobrepasan determinada edad.

Es más que evidente la consecuencia de lo descrito: la calidad de vida de los ciudadanos del país decrece paulatinamente, conforme esta situación se intensifica.

Ante la imposibilidad de obtener un empleo, el individuo recurre a alternativas tales como el autoempleo y la creación de microempresas lo cual –si bien-, le permite hacerse de un ingreso, tienen normalmente una capacidad de crecimiento muy limitada. Si alguna vez el emprendedor puede contratar empleados, la remuneración que pueda ofrecerles será también limitada.

Examinando lo expuesto hasta este punto, podemos apreciar con facilidad un patrón.

Si a este, añadimos la influencia cultural y los compromisos que se adquieren a través de tratados internacionales que facilitan la introducción de empresas extranjeras que vienen al país buscando mano de obra barata, el resultado final es una economía que crece a un ritmo paupérrimo y limita las oportunidades para el ciudadano.

No puedo negar los avances que se han logrado, ni desestimar la importancia de tales avances. Cuando yo era joven, las oportunidades para estudiar una carrera eran ínfimas en comparación a lo que son ahora. Se ha avanzado, pero el avance logrado aún está lejos de resultar suficiente.

Dado que el principal compromiso del gobierno es alcanzar un nivel de pleno empleo, diría que el gobierno aún puede mejorar su trabajo al respecto. Existen una gran cantidad de áreas de oportunidad en este aspecto. Uno de ellos es el de fortalecer la economía apoyando la creación de empresas nacionales y facilitándoles condiciones  de competitividad.

Por otro lado, los empresarios deben visualizar la importancia que tiene el otorgar mejores sueldos y salarios a sus empleados e incrementar los niveles de producción a través de la eficiencia de las operaciones. Mientras mejor vivan los trabajadores y más altos sean los índices de productividad, sus propias empresas experimentarán un crecimiento mayor, dado que de esta manera motivan el consumo.

Para el emprendedor en ciernes, es vital no perder de vista que la era industrial ha fenecido y ha sido ya reemplazada por la era de la información y que ésta ha comenzado ya  a modificar las reglas del juego. Los negocios de hoy en día –no para subsistir, sino para competir-, deben contemporizarse a estos cambios que están ocurriendo a nivel global. Las estrategias ya no son las mismas, la manera de operar ha cambiado y las oportunidades aprovechan el poder de la información.

Un modo de vida digno significa que el ciudadano puede, no solo satisfacer sus necesidades más elementales sino que –en adición-, tiene acceso a más satisfactores y el efecto de lograr que la gente mejore sus condiciones de vida se traducirá inevitablemente en un mayor crecimiento económico.

Educación de calidad

Yo fui educador por once años. Esta fue una elección difícil, considerando que tenía oportunidades irrepetibles al momento de hacer mi elección, pero sencilla cuando puse mis opciones en la balanza.

Durante esta década enfocada a modificar la vida de otros, me di cuenta de la gran importancia que tiene la calidad de la educación.

Crear instituciones educativas al mismo ritmo que crecen las tasas de natalidad no es la solución al problema subyacente. No por facilitar el acceso a los servicios educativos a una población joven que tiene derecho a ellos porque así se lo garantiza la Constitución, se conseguirán ciudadanos capacitados para ejercer una profesión u oficio.

En otras palabras, este es un claro ejemplo de cuando menos es más. Un millón de nuevos ingenieros capacitados mediocremente nunca será mejor que mil ingenieros excelentes.

Sé que mi comentario parece muy elitista, pero pongámoslo en la balanza.

Ya mencioné anteriormente que la sobrepoblación en determinadas carreras con una demanda elevada, conduce a una demanda enorme por determinadas oportunidades laborales y que ello -consecuentemente-, abarata la mano de obra.

Si en un afán de vender, las instituciones educativas orientan su oferta a aquellas licenciaturas que son más demandadas, el único ganador de este juego será la institución educativa per se y –es evidente-, el gran perdedor será el joven licenciado, recién egresado.

La lógica –en este punto-, me conduce a una conclusión incuestionable. No se trata de que haya más instituciones que preparen abogados, se trata de la responsabilidad de los educadores de explicarles con claridad a los jóvenes que existe una gama muy amplia de elecciones, que no se limitan a la carrera de moda.

Hace algún tiempo conocí a una joven que deseaba estudiar una carrera para la cual no existe una gran demanda, que es costosa y que le obligaría a mudarse a una de las pocas ciudades en que podía estudiarla. Esta joven, debido a sus recursos económicos, terminó eligiendo una de las carreras disponibles en lugar de aquella por la que tenía preferencia.

Si a estas condiciones del mercado académico, añadimos la calidad de la educación que se imparte, el resultado que obtenemos es una gran población laboral sin vocación, lo cual se refleja en su desempeño profesional.

Es necesario puntualizar que la calidad de la educación tiene dos vertientes: Por un lado está el educador quien, de no tener vocación para su oficio, transmitirá su mediocridad a los estudiantes; por el otro, está el estudiante quien, debido a su desinterés por lo que le enseñan, no se esforzará lo suficiente.

Al final de la línea solo queda un individuo que busca ganarse la vida, que seguramente deberá competir con una fila muy larga de aspirantes al mismo puesto, que aceptará un empleo en el que le ofrezcan una remuneración pírrica como consecuencia de lo anterior y que no se desempeñara con la excelencia que se espera de él.

Todo lo anterior se resume en un solo aspecto que es crucial. A los jóvenes de hoy se les está preparando para una era extinta: la era industrial.

Una educación de la era de la información debe permitir al estudiante crear una currícula ad hoc a sus intereses particulares, más que una currícula acorde a los intereses de la industria.

Una educación de la era de la información debe estar disponible más allá de los límites geográficos y tomar ventaja del desarrollo tecnológico.

Una educación de la era de la información debe ser impartida por expertos comprobados en el área académica específica, más que por profesionistas que no pudieron conseguir un empleo acorde a su preparación.

Una educación de la era de la información debe tomar ventaja de los avances científicos y tecnológicos de punta y motivar al educando a producir dichos avances.

Han pasado ya doce años de que tuve esta epifanía. Conocí a algunos cientos de jóvenes durante mi intervención como educador y es triste hoy afirmar que solo cuatro de ellos comprendieron lo que trataba de decirles.

Quizás fui un mal educador; o, tal vez, vi algo que aún no es visible para los demás. Por eso decidí compartirlo con ustedes en este artículo. Es posible que algún lector pueda ver lo que estoy describiendo y descubra una oportunidad de negocios sin precedentes en mis palabras.

Desarrollo de nuestra propia ciencia y tecnología

La diferencia entre un país productor de materias primas y otro productor de productos terminados es el nivel de transformación de los productos.

Países como el país en el que vivo, producen bienes que luego son exportados a otros países en los que se consumen. Por ejemplo, automóviles. Empresas extranjeras instalan plantas productivas en mi país porque consiguen mano de obra económica; producen los automóviles aquí y los exportan para alimentar la demanda en los países consumidores.

Esto nos convierte en exportadores de productos terminados, si, pero por otro lado nos obliga a importar la tecnología requerida para producirlos. Importar la tecnología nos hace dependientes de otras economías y nos resta competitividad.

Hubo un tiempo en que se producían avances científicos y tecnológicos en este país, como a principios del siglo XX, en el que hubo participación en el desarrollo de la industria aeronáutica o durante las décadas de los sesentas y setentas, en las que se produjeron desarrollos en la tecnología aeroespacial.

Hoy en día hay contribuciones nacionales al desarrollo de la ciencia y de nuevas tecnologías, pero son insuficientes.

El empresario de hoy prefiere adquirir la tecnología a desarrollarla. No es algo que diga al azar. Lo he escuchado y se han reído de mí cuando expongo mis ideas al respecto.

En parte, comprendo a estas personas que cuestionan mis ideas sobre desarrollar tecnología propia, porque a ellos lo que les interesa es aprovechas las oportunidades que el mercado les ofrece y –piensan-, hacer uso de la tecnología disponible es cuestión de ventaja competitiva. Lo admito. Lo es hasta el punto de basar su ventaja competitiva en quién puede abordar antes al mercado, pero la dependencia tecnológica que promueven les hace menos competitivos en los mercados extranjeros.

A pesar de la opinión de éstos, en este país se han desarrollado tecnologías que son más competitivas que cualquier alternativa extranjera.

Conclusión

Así que, el desarrollo científico y tecnológico no solo permite romper la dependencia económica, sino que se perfila como una verdadera ventaja competitiva.

Para llegar a este punto, en que nos convirtamos en productores de nuestra propia ciencia y tecnología, debemos cumplir primero con la condición de tener acceso a una educación de calidad y, para ello, debemos tener un modo de vida digno.

La industria debería promover y financiar el desarrollo de la ciencia y nuevas tecnologías a través de las instituciones educativas, con el fin de aplicarlas a la industria y elevar su competitividad en los mercados.

Después de todo, al asumir el control de nuestros propios avances en el terreno científico y de tecnología de punta, podemos ser más eficientes en términos de productividad, mejorar las condiciones de vida de la gente y, así, darle acceso a una educación de calidad. Un círculo virtuoso.

Manuel Manrique

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  1. Aún no hay comentarios.
  1. junio 12, 2012, 2:57:14 en 2:57

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